Llegando a Catemaco, al rededor de las diez u once de la noche, nos encontramos con la sorpresa de que ese lugar, tantísimas veces mencionado por tanta gente, no era mas que un miserable pueblo con cinco calles y algo a lo que los oriundos llaman orgullosamente "la costera", que no era mas que una calle de doble sentido de no más de 5 km, en la que a un lado estaba un lago y al otro la parte turística y donde están las casas de los más adinerados.
Para los que no sepan que es Catemaco y cual es su mas famoso atractivo, lo explicaré en unas pocas lineas con el propósito de no desviar mucho el objetivo principal de la narración; Catemaco es famos porque hay brujos (tanto "buenos", como "malos"), que cobran dinero o favores por servicios supuestamente mágicos. No sé de ese tema con mayor profundidad y no creo en nada de eso, pero es muy cierto que se siente algo raro en ese lugar, el aire es denso y la gente no es ni lejanamente tan agradable y hospitalaria como en el resto de los pueblos mexicanos en los que he estado.
Retomando el tema: Estabamos llegando a Catemaco y lo primero que nos preguntabamos unos a otros era si realmente eso era el pueblo maravilloso y encantador del que tanto habíamos oido hablar. Dentro de toda esta confusión, Nando, el mas sensato del grupo, propuso bajar del Jeep y preguntar en un restaurante o bar (o no se que era) que casualmente seguía abierto a esas horas de la noche, donde estabamos. Al bajar de nuestro vehiculo de locomocion todo terreno, Diego que estaba profundamente desconcertado y cansado insistió exteriorizando una vez más la pregunta que todos nos haciamos a nuestros adentros desde que entramos a ahí; "¿donde chingados estamos wey?" y al mismo tiempo, Nando y yo, que mirabamos a un enorme letrero de neon verde y amarillo fosforescente, leimos en voz alta lo que rezaba: "la chingada". El estallido en risas porvocado por ese curioso acontecimiento nos ayudó a relajarnos y ver que no habia nada perdido y puesto a que no ibamos a ningun lugar en específico y ahí había donde dormir, realmente solo era una parte más de la aventura.
Nos acercamos a "la chingada" a indagar las posibilidades que existian, de que a esas horas, en un pueblo cacahuetero, encontraramos un lugar donde nos dejaran dormir a cambio de unas cuantas monedas. El mesero del lugar, que nos quería empachar con "camarones de lago" (¿que será eso?), nos dijo, -Ira... la casa blanca de las "palmeras grndes", esa que tiene un "jardinzoooote", hora es "hotel" y cual que con suerte está el velador con los ojos pelones y chance les deja una habitación de los bungalitos que tienen por atrás. Además, pueden dejar su "camionetita" ahí, afueritas de la puerta, ¡pueden ir a ver y luego regresense a cenar "güeros", además, les podemos conseguir unas damitas de compañia verdad chavos!-. Pobre wey... no tenía ni idea de lo que hablabala. La casa blanca, era gris y las palmeras eran una ridiculez, lo del jardinzooote, también era un decir porque era del tamaño de cuatro cajones de estacionamiento, y lo del hotel... bueno dejaba mucho que desear, pero tampoco esperabamos mucho más, lo que nos dejó atónitos, además de que nos ofreciera simpáticamente unas "damitas de compañía", fué que dijera "camionetita". ¡Pendejo!. ¿Es un Jeep estas ciego o que? ¿como es que no puedes notar la diferencia entre una "camionetita" y un Jeep? es como confundirte entre un gato y un león, o peor, una rata sucia de alcantarilla con los dientes rotos y un majestuoso oso (hasta rima...) con el pelaje color tabaco, sedoso y zarpas afiladas. ¡No mames!.
Total que fuimos al lugar mentando madres por la estúpida confusión del lanchero que hacía propagnda de "la chingada" y llegamos a los bungalitos. En dicho lugar, bajamos del Jeep (si, JEEP no "camionetita") y nos acercamos a lo que se suponía que era la recepción, en realidad no era mas que el cuarto de las calderas con una puerta de madera a modo de mesa, un teléfono viejo y un niño de cuatro años jugando con un tractor de plástico de mala calidad, que se le notó entusiasmo al vernos entrar porque no dejó de dar saltitos. Frente a ese panorama, decidimos dar un vistazo al rededor procurando encontrar algún individuo ligeramente competente, que sirviera cuando menos para decirnos si había habitaciones libres para nosotros en ese lugar. Diego, dió un par de voces y le preguntó amabilisimamente al niño si estaba su padre por ahí, o alguien medianamente adulto, el niño pareció no haber entendido nada porqeu no dijo ni media palabra, pero se alejó de nuestra vista metiendose entre un monton de cajas y barriles de donde salió una lugubre figura delgada, con un bigote tan finamente areglado que parecía un dibujo, tenía unas ojeras que le llegaban a las rodillas y una mata de pelo enmarañado y sucio que parecía no haber tocado agua y jabón en un espacio de no mas de siete meses. El tipo, tosiendo y quitandose los mocos con la mano, se acercó a nosotros y al acercarse, con su simple respiración, nos llegó un tufazo a tequila tal, que de no ser por la altura de Catemaco sobre el nivel del mar (que es muy poca) nos hubieramos caido de un sentón con una borrachera igual que la que él llevaba encima. El tipo apenas en pié, sin preguntar, ni decir nada, nos dió las llaves de la habitación y se dispuso a regresar a sus aposentos. Tras una ardua labor de paciencia por nuestra parte, conseguimos sacarle el precio del lugar por cada noche. No recuerdo bien cuanto costó, pero recuerdo que no era nada caro.
La habitación es uno de los lugares mas curiosos en los que he estado; tenía dos puertas de entrada, una (la trasera) era por el baño que daba directamente al estacionamiento en donde descansaba plácidamente el Jeep y la otra (la principal) por la "avenida" principal. Fué desconcertante bajar las mochilas, grabadora, discos y comida del Jeep, para abrir la puerta de la que era nuestra habitacion y encontrarnos con que era un baño. Empujé curiosamente una puerta y me encontré con una tele y un espejo en primer plano, encendí la luz y estaban dos camas del año 2000 a.c. y un par de sillones cubiertos con plástico llenos de quemadas de cigarro, y dos ventiladores en el techo. Creemos, que estaba pintada de color verde pistache, o por lo menos en algún momento fué así, porque la humedad había destrozado tanto el lugar que era ya casi imposible definirlo.
A la luz de unas lamparas de neon, cenamos rodeados de moscas y toda clase de bichos, unas latas de atun y unas sopas maruchan acompañadas de la primer botella de vino, lo cual sin duda fué lo mejor sin descartar, obviamente, la deliciosa y larga charla que parecía no tener final.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
1 comment:
wey me sorprende en exeso ( y creo que lo haces por cuestiones de salvaguardar tu honor y el de los demas) por que no cuentas el por que te estuviste moviendo en trasporte publico a tu regreso de dicho y emocionate viaje , sera por que se te ha olvidado, no creo lo contaste a todos , pero cmprendo que lo hayas hecho es penoso dicho acontecimiento , eso lo hubiera visualizado hasta el señor con esa borrachera , y peor tantito hasta jesus ( niush el hijo de nati men )se hubiera dado cuenta del desastrozo futuro que les esperaba por tratar de hacer tal proeza a menos de 50 metros de un puente jajajaja pero eso lo cuentas tu men jajajaj baccio men
Post a Comment