Sunday, January 29, 2006

Monte Pio Vol. I

Aunque para muchos no es más que una pequeña aldea perida en la selva y bañada por el golfo de México al sur del estado de Veracruz, para un servidor y dos de sus más cercanos amigos, es un lugar maravilloso que quedó intacto al paso de los años y la globalización, donde sigue existiendo la mágia y quedará tatuado en nuestra memoria hasta el día que nos encontremos a punto de emprender nuestro último viaje, del que no volveremos jamás. Porque Monte Pio fué la primera aventura de muchas.

Era una noche de invierno en la ciudad de México y estabamos cuatro personas en la terraza de una cafetería en la que yo había trabajado, a un costado de la conocida Av.Lomas Verdes. Después de un rato, si mal no recuerdo, solo quedamos tres porque el cuarto se subió en su Chevrolet Cavalier y se fué. Entre tres vasos desechables, llenos de café a la mitad y cigarros como para soportar otros cuatro más acompañados de una deliciosa charla, salió el tema; nos iriamos de viaje a Veracruz o a la Hueasteca potosina y sin tener nada muy claro, ya habíamos decidido el presupuesto económico, el día de salida, el regreso y porsupuesto el medio de locomoción. El tema estaba en el aire, cientos de variables jugaban su papel y como siempre se sentía que todo lo que pasaba por nuestras cabezas podía llegar a ser cierto, o simplemente quedarse ahí y después de un rato irse con el humo del tabaco que flotaba sobre nuestras cabezas. Pero esta vez había algo, no queríamos que se fueran esos pensamientos, queríamos hacerlos una realidad.

27 de diciembre de 2004. Eran las nueve de la mañana y el frio invernal, seco semi-desértico del valle de México, podía congelar las piedras. Se podía ver un Jeep Wrangler color blanco en dirección a Puebla, en él ibamos subidos tres amigos que todavía no veíamos la aventura que nacía cada kilómetro que dejabamos atrás nuestra querida ciudad. El copiloto, Nando Martinez se encargaba de guiar la expedición mirando las instrucciones del "mapa" que nos llevaría al destino elegido; una playa virgen en Veracruz. Diego Martinez (hermano e inseparable compinche de Nando), era quien elegiría la música ideal para las necesidades del viaje, suministraría Camels y haría la contabilidad de los recursos económicos y de sobrevivencia, que consistían en latas de atún, sopas maruchan, queso, chorizo, salchichón, agua y dos botellas de vino. En el lugar del piloto, estaba yo, que mi única responsabilidad hasta ese momento era la de mirar a la carretera así que me puse mis gafas Ray-Ban de poli (que son casi parte de mí) y un sombrero al estilo de Indiana Jones, porque el sol matutino del invierno mexicano es cegador y cualquier titubeo podía ser catastrófico.

Puebla había quedado atrás y el descenso de altura empezaba ya a notarse en la temperatura, que cada metro que bajabamos se hacía mas calurosa, pero sobretodo se notaba en los paisajes, que eran mas verdes y menos ocres. Al ritmo de Dave Mathews Band, Bela Fleck and the Flecktones, Led Zeppelin, The Velvet Undergronud y la inolvidable voz de Norah Jones, ibamos quemando millas acompañados de una deliciosa charla que parecía interminable. Nos faltaba cada vez menos para llegar a nuestro deseado paraiso.

Habíamos atravesado la última sierra antes de llegar al estado de Veracruz, bajamos del coche para comer y ya se podía oler el mar aunque no se veía por ninguna parte. Estabamos haciendo mejor tiempo del que jamás hubieramos imaginado, eran las cuatro de la tarde y estabamos muy cerca de nuestro destino, o al menos eso creíamos. Después de retozar al lado de la carretera decidimos seguir con nuestro camino.

Pasaron mas de dos horas y no aparecía el letrero que buscabamos, nos habíamos perdido y la noche estaba por caernos encima, mientras mas avanzavamos, la carretera se hacía peor y mas peligrosa, estabamos entrando en otra sierra pero esta vez rodeada de selva. Los pueblos por los que cruzabamos eran mas feos uno que el anterior y le gente nos daba muy mala espina. Llegó un punto entre un pueblo y otro, en que la noche era tan negra y la maleza de la selva tan cerrada que apenas se podía ver incluso con las luces largas del Jeep, de vez en cuando murcielagos enormes zurcaban el aire a escasos palmos, se veían através de los arboles figuras fugaces de animales y se sentía que miradas amarillas nos atravesaban. No sabíamos donde estabamos y no aparecía ni una luz en el orizonte. Creíamos que la parte más dificil era esa, conducir en esas condiciones y mantener la calma era muy complicado sobretodo porque no sabíamos donde estabamos parados. Al pasar un rato en esas circunstancias al fin vimos una señalización a penas visible que decía "Catemaco 60 km" estabamos salvados, llevabamos esperando eso horas y ahora faltaba muy poco para poder pasar la noche.

Thursday, January 26, 2006

Chale...

La verdad esque esto de narrar mis andanzas a cuenta del hombro caido, creo que ya les están empezando a aburrir así que ahora dejo abierto a sujerencias en caso de que alguno de mis más asiduos lectoes quiere que escriba de algún tema en particular. Lo único que tienen que hacer es proponerlo en el area de comentarios.

Tuesday, January 24, 2006

Mi hombro. Vol III

Estaba en ese punto de conciencia donde no se sabe bien si se esta dormido o despierto, pero una profunda impaciencia me dominaba de pies a cabeza, no sabía que era ese malestar, no sabía que hacía en ese lugar ni porque tenía tantísima hambre y sed. Entre toda esa confusión, una joven enfermera se acercó a mi cama y me preguntó si me sentía bien para desayunar algo ligero. Había dicho las palabras mágicas, en ese instante, se organizaron las ideas y empecé así a recordar que me habían operado y luego de como me había caido. Antes de que la chica preguntara de nuevo, mi consciencia era lo suficientemente buena como para darle una respuesta positiva y sin parecer un muerto de hambre a pesar de que así lo fuera.

Después de un rato regresó con un Cola Cao (para los mexicanos: es como Choco Milk) y unas galletas, evidentemente era un desayuno ligero. No es que esperara una filete de arrachera con huevos rancheros, harta salsa roja bien picante y frijoles refritos con totopos, (para los españoles: esto es un desayuno mexicano en condiciones) que ahora podría incarle el diente sin el menor reparo, pero por lo menos un huevo revuelto con jamón si merecía...

A lo largo del día, me hicieron varias visitas, que dada mi condicón de recién operado con restos de anestesia y morfina en mi torrente sanguineo, no recuerdo ni la duración ni el contenido ni el orden en que estas se dieron. Teresa y Nerea fueron juntas mientras Pablo me hacía una de sus varias visitas, mis padres entraron y salieron varias veces a lo largo del día. También me visitaron Elena y Marta, que de lo que pasó durante su visita solo recuerdo que tenía muchas ganas de ir al baño.

En mi estancia en el hospital, lo que recuerdo con mas claridad son dos acontecimientos; cuando me quitaron las gasas y me encontré cara a cara con unos hierros que tenía enterrados en el hombro, que estaban doblados a modo de perchero y parecía que estaban listos para usarse como tal y la segunda fué conocer a Ismael, que fué mi compañero de habitación después de aquel curioso personaje que no tenía pudor al enseñar su trasero y dejar que salieran toda clase de malolientes gases. A Ismael le aprendí algo muy importante aunque probablemente no fuera su intención, las ganas de vivir de este hombre son alucinantes y a pesar del cancer que invade cada día mas su ya debil cuerpo, la sonrisa y el buen humor no se lo quita nada ni nadie. Dice mi padre que charlé mucho con él, a mi me da mucha pena no recordar los temas en particular, pero me quedó muy claro ese mensaje que predica con el ejemplo.

Ya seguiré.

Monday, January 16, 2006

Mi hombro. Vol II

Mi madre, dulcemente me despertó y me iba a dar de desayunar, pero recordamos que tenía que ir en ayunas al hospital, porque era muy probable que me operaran porque era un gran daño el que me había auto-infligido la noche anterior en lo que no fué precisamente un desplante de inteligencia. Ese día, lo único que entró en mí fué un jugo de naranja con mandarina, que para mis estandares y los de cualquiera que no esté haciendo una huelga de hambre al estilo Gandhi es desastroso.

Llegue al hospital sintiendome muy incomodo y cada paso era mas desagradable que el anterior, pero no porque incrementara de manera progresiva, sino porque cada paso la sesación era distinta. Llegamos al piso indicado y nos presentamos con el Dr.Amillo, que a juzgar por la apariencia y su modo de desenvolverse en la consulta era un profesional. Pidió que me quitara la camisa y el cabestrillo que me sujetaba el brazo. Cuando estaba empezando a ver el asunto con una mano en la barbilla y la otra en la cintura sonó la puerta y seguido del golpe, entró otro doctor mas joven, se presentó, aunque no recuerdo su nombre y se puso a decirle los sintomas que él notaba al Dr.Amillo, el cual solo asentía con los brazos cruzados. Era como si el doctor joven fuera el padawan y el mayor el maestro. Después de un rato de estar tocandome el hombro y decir que estaba de foto, nos explicó que tenía una rotura de ligamentos y que dadas las características de la lesión, no había otra forma de arreglarlo que no fuera en un quirofano.

Me mandó con el anestesista, para que evaluara que tipo de sedantes necesitaba y todas esas cosas. Esa parte de la historia no tiene mucha importancia, porque era un personaje muy gris y al final él no me acompañó en la operación (fué otro que ya les contaré mas adelante).

La operación había quedado programada para las cuatro de la tarde lo cual significaba que no podría comer y los que me conocen saben que eso me pone de muy mal humor, puesto que a pesar de mi esquelética figura no puedo evitar parar de tragar a todas horas, la verdad esque no sé donde almaceno todo eso o por donde se vá, es un misterio.

Llegó la hora de operarme y la verdad esque no me dió tiempo a estar nervioso yo solo tanía en la mente que todo eso fuera pronto para poder comer algo, el dolor ya había pasado a segundo termino. Llegué a la que sería mi habitación y mi compañero era un anciano malhumorado que tenía una pinta desastrosa. A penas lo pude ver, porque una cortina impedía la visión absoluta de un panorama que no pintaba nada bien, pero con escucharlo me fué suficiente, no paraba de maldecir, toser, escupir flemas, estaba rodeado de bolsas con toda clase de fluidos de todos colores y su antidilubiano trasero que estaba tomando el sol, no paraba de tirarse pedos. Una señorita me pidió que me duchara y me pusiera una bata y cuando salí del baño estaba un camillero esperandome, listo para llevarme al quirofano.

Mi madre me dió la "bendi" igual que mi tia Mari que estuvo muy pendiente de todo desde el principio y fué la encargada de sacarme de la misma habitación que ese individuo que desprendía toda clase de fetidos olores e incomodos gemidos. Llegué al quirofano y unas enfermeras muy amables se pusieron a charlar conmigo y me dijeron que para tener 42 años, estaba un muy buen estado, lo cual me hizo mucha gracia, pero esque la chica que me hizo la ficha ingreso en el hospital, se equivocó y puso mal mi fecha de nacimiento, con lo cual, las enfermeras que estarían conmigo en la operación esperaban que llegara un cuarentón calvo y con panza chelera. Ya en el quirofano, se apareció una trupé de pitufos, de los cuales solo uno se me acercó y me dijo que él sería el anestesista. Me hizo una serie de preguntas rutinarias, si había comido algo o bebido en las últmas horas y le dije que no, pero segundos después, rectifiqué y le dije que si, que había dado un buche de agua hacía unas horas, pero era porque me moría de sed y fingió estar enfadado y me dijo que el agua en las operaciónes era peor que el veneno, me empecé a reir un poco y





Desperté en un cuarto y el mismo anestesista me informó que ya me habían operado y que todo había salido bien y me preguntó que como me sentía, a lo que recuerdo haber contestado "Tengo un chingo de frio" y me cubrieron con una manta electrica que generaba un calor delicioso, despues me dijo: -Te voy a inyectar un poco de morfina para que no te...-






Estaba en una habitación y mi madre me decía un monton de cosas que no lograba entretejer, me dió mi teléfono para que le hablara a Pilar y no me acordé del numero. Al cabo de un rato conseguí recordarlo, le llamé y no se que le habré dicho que se hecho a llorar. Tambien recuerdo muy bagamente el haber hablado con mi abuela Pillé y la visita de Guillermo. No me acuerdo de casi nada de lo que pasó durante mi estancia en el hospital, aunque todos aseguran que estaba de muy buen humor y jurarían que no me habían operado, pero no recuerdo nada muy claro.






Sigan pendientes porque viene el tercero.

Thursday, January 12, 2006

Mi hombro. Vol I

Pues aquí estoy, retomando este ejercicio de expresión literaria el cual no había actualizado desde hace tiempo dado que he tenido muy pocas ganas por una lesión que a continuación les narraré:

Estaba con unos amigos de Pamplona, estudiando para un examen de alemán que al día siguiente teníamos. Al cabo de un rato decidimos que era suficiente, nuestras cabezas estaban sumamente atrofiadas y no podía entrar nada mas en ellas por lo que decidimos ir a dar un paseo por algún parque. En dicho paseo, al principio, ibamos vociferando algunas frases y palabras en alemán, después empezamos a charlar. Todo parecía una caminata nocturna de lo mas normal y segura, hacía frio, pero no era nada fuera de lo común, dado que es invierno en Pamplona, y a mí en un arrebato de locura, ocurrioseme dar un tremendo salto ninja (sin patada, esa iba después, pero ahora veran lo que pasó) usando como apollo el respaldo de una banca, en el aire todo iba muy bien, sentía el frio del invierno en mi y la mirada desconcertada de Guillermo, Teresa y Nerea, de pronto "rrrrak" algo no fué bien, puesto que al caer en él gélido cesped, me resbalé y escuché como se rompía algo, seguido del sonido vino un dolor tan intenso, que no me dejaba siquiera respirar, automáticamente detecté una anomalía en el hombro, lo sentía fuera de su lugar, pero había algo mas, algo que me dió miedo.

Mis amigos, preocupados me ayudaron en lo que estaba en sus manos y yo, muy digno, procuré quejarme lo menos posible aunque por dentro estaba llorando de dolor y de rabia. Pasamos a casa de Guillermo y su padre, que es médico me dijo que no me apurara, que el creía que se había dislocado el hombro, pero que fuera a urgencias, porque ahí me vería alguien mas diestro en el tema.

Giullermo me acompañó hasta la puerta de mi casa y se aseguró de que quedara en manos de mis padres, Teresa y Nerea se despidieron antes porque tenían cosas que hacer, pero quedaron muy preocupadas. Para estas alturas el dolor ya era una cosa insoportable lo cual me asustó aun mas puesto que yo generalmente lo aguanto bien, pero esto era ya algo fuera de lo normal. Mis padres se levantaron como rayo y dejaron lo que estaban haciendo a medias, mi abuela Uchi (que habia estado en casa un par de semanas) quedó con una cara de tristeza que me dolió mas que el hombro. Mi abuelo Angel estaba, como siempre con esa mirada imperturbable de lobo a la espera de que su presa se equivoque en algo para entrar en acción, pero esta vez esa mirada vaciló unos segundos, mientras me preguntaba si me dolía mucho.

De ahí fuimos a la clinica universitaria y justo al llegar, la puerta de urgencias se cerro en mis espaldas, dando un golpe seco en el hombro recién lesionado, mis piernas perdieron casi toda su fuerza haciendo que eatubiera a punto de llegar al suelo otra vez, pero mi padre me detuvo y me ayudó a apoyarme en el mostrador. En muy poco tiempo me encontraba de camino a "el cuarto de rayos x" ese lugar siempre me ha encantado, no tantoo por ver esos aparatos, es mas bien por acordarme de una estúpida creencia que tenía de niño, pero me sigue haciendo mucha gracia. Creía que los rayos x eran algo ultra sofisticado, que te reparaba cualquier daño en el instante, ah y tambien, de paso te hacian un poquito mas fuerte, y por eso el tipo que saca la radiografía se ponia atras de un cristal que yo pensaba que estaba blindado, porque de lo contrario sería invencible... Pero no me hice ni mas fuerte ni se me arregló el problema ahí. Lo único que pasó, fué que se dieron cuenta de que me tenían que operar, pero hacia falta la valoración de un experto y en todo caso la cirugia sería al dia siguiente.

Abrio la puerta una señorita con una geringulla en la mano y evidentemente, sabía como usarla y la usó. Me pusieron en una inyección Valium, Voltaren y otra cosa, todo esto para que pudiera dormir tranquilo, me pusieron un cabestrillo y me mandaron a dormir con una cita al dia siguiente para ver a un ortopedista, como así fué.