Ahora toca escribir de un viejo amigo, un tipo con el que he librado muchas batallas y con quien quedan muchas más por librar. Uno de esas personas quienes consideras hermanos a pesar de que por tus venas no corra la misma sangre que por las suyas. Uno de esos amigos que cuentas con los dedos de una mano. Uno de esos que siempre está ahí aunque no esté fisicamente cerca.
Cuando me tocó repetir segundo de secundaria (hace tiempo ya de esto), pensé que el mundo se me iba a caer encima. Los que consideraba mis amigos de toda la vida se adelantaban un año mientras yo, me quedaba con los "inutiles" de un año abajo. El primer día de clases fué vomitivo, lo pasé fatal. Todo el mundo hablaba de sus veranos y yo no hablaba con nadie. Había regresado de Asturias unos días antes, dejando una diverida pandilla de amigos ahí (misma que no he vuelto a ver desde entonces) y quería estar en todas partes menos en ese escritorio rodeado de "niños con loncheras". Con el tiempo, esta gente empezó a caerme un poco mejor, y ya los podía soportar, incluso me podía reir de mas de uno. Pero había uno en particular, que ayudaba a que me riera del resto porque no había un día en el que no soltara un comentario lleno de sarcasmo, acidez, humor negro y socarronería, que cual arquero con perfecta puntería, siempre daba forma perfecta en el Blanco (aunque no fuera precisamente de ese color el objetivo).
Empecé a convivir con este Guillermo Tell de las palabras y mientras más lo hacía, más me preguntaba a mi mismo ¿porque este güey que es un cabrón con todo el mundo y no deja titere con cabeza, no se mete nunca conmigo? ...y es curioso, nunca se metió conmigo. Mi hermano Pablo, que a su vez es muy amigo suyo, fué su victima antes de ser su amigo, un tipo que constantemente se proclama vivo y da constancia de su existencia a la más minima oportunidad, que esponde al nombre de Juan Manuel Escamilla, tambien pasó por una serie de filtros antes de ser su amigo, y a mi nunca me tocó ser el objetivo se sus tiros. No sé bien porque decidió no ponerme obstaculos, creo que fué él el que decidió ser mi amigo y no al revés.
Llevandonos cada vez mejor, llegamos a 4° de prepa en donde los dos nos dimos cuenta que no eramos iguales al resto de nuestros compañeros, de hecho eramos muy diferentes, no gustaban cosas distintas, pensabamos en cosas distintas, nosotros teníamos interés por saber más de mas cosas y los demás solo querían irse a hacer masajes con unas rubias despampanantes a un lugar que conocía un tipo muy muy alto, irse a beber y segun ellos ligar como locos al "alebrije" con los amigos de otro que tenía apellido de marca de electrodomesticos o de dueño de Snoopy, o irse a fumar grifa a una esquina de la mansión del de los gases despues de haber corrido el Porsche de su padre ...bueno, eso último no todos, pero mientras unos hacian eso, otros jugaban a las tortugas ninja, entonces mi amigo y yo quedamos en un lugar privilejiado. El Olimpo. Nos dimos cuenta de que estabamos ahí, porque nosotros podíamos decidir sobre la vida del resto de nuestros compañeros de clase. incluso fué ahí, donde decidimos que Nadie podía existir.
Nadie, era un tipo gris, no podía tener otro color. A decir verdad no sé como nos pudimos fijar en él, si podían pasar semanas sin que fuera y ninguno de la clase nos enterabamos. Era tan pálido, que se le veían las venas a traves de su piel, llevaba en el pelo restos de fijador de días y para ocultarlo se peinaba con secador. Tanto sus trajes, como su ropa de deportes, tenían un permanente olor a naftalina y a armario de madera viejo (aclaro, no antiguo, viejo). Tenía una extraña nariz aguleña que junto con sus labios permanecían resecos todos los días. Tras sus ojos negros (creo que eran negros), había una mirada profundamente vacia. Creo que nunca se fué capaz de usar un cepillo de dientes, su aliento indudablemente olía a nerviosismo. Sus manos eran como las de una rata y no se cortaba las uñas, se las mordía con un empeño casi voraz.
Este tipo (Nadie) fué una vez a hacer el examen de admisión para entrar a estudiar guitarra al Conservatrio de la ciudad de México y la pieza que tocó fué una de Oasis... y creo que la tocó mal. Tal vez sea esa es la única cosa interesante que me acuerdo que haya hecho este sujeto. Lo interesante, es como un tipo así, se convirtió por unos meses en la persona más popular de la escuela, y es por eso que digo que desde el Olimpo decidiamos sobre la vida de los demás.
Josemaría y yo decidimos ser los promotores de Nadie y empezamos a hablar tanto de él, y a decir que era la persona mas gris del mundo, que al final la gente quería saber quien era ese güey, porque llevaba toda la vida en la escuela y no había sido visto jamás, había profesores que le habían dado clase, que no sabían quien era, es más, había profesores que le daban clase, que no sabían quien era (Mr.Chombo). Empezamos a hacer de su impopulardidad su popularidad y al pasar unas semanas Nadie estaba en todas partes, todos lo invitaban a los lugares y nunca se quedaba solo. Había dias que salia en hombros de las clases y lo llevaban a su casa en coche.
Sus días de pasar inadvertido habían pasado a la historia, pero la fama no duró mucho tiempo, todo el mundo lo conocía como Nadie, realmente ninguna persona sabía como se llamaba. Josemaría de vez en cuando le llamaba José, pero creo que era de cariño, para que por un momento se sintiera alguien y dejara el Nadie a un lado. Total que Nadie, por un momento fué alguien, pero al no tener nombre, volvió a ser Nadie. Y nunca mas fué recordado, creo que después de ese episodio se salió de la escuela, o tal vez no, no lo sé.
Hoy es cumpleaños de Josemaría Llovet y quería recordar esa simpática anecdota. ¡Felicidades hermano!.
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1 comment:
Que grandes dias aquellos...
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