Mi madre, dulcemente me despertó y me iba a dar de desayunar, pero recordamos que tenía que ir en ayunas al hospital, porque era muy probable que me operaran porque era un gran daño el que me había auto-infligido la noche anterior en lo que no fué precisamente un desplante de inteligencia. Ese día, lo único que entró en mí fué un jugo de naranja con mandarina, que para mis estandares y los de cualquiera que no esté haciendo una huelga de hambre al estilo Gandhi es desastroso.
Llegue al hospital sintiendome muy incomodo y cada paso era mas desagradable que el anterior, pero no porque incrementara de manera progresiva, sino porque cada paso la sesación era distinta. Llegamos al piso indicado y nos presentamos con el Dr.Amillo, que a juzgar por la apariencia y su modo de desenvolverse en la consulta era un profesional. Pidió que me quitara la camisa y el cabestrillo que me sujetaba el brazo. Cuando estaba empezando a ver el asunto con una mano en la barbilla y la otra en la cintura sonó la puerta y seguido del golpe, entró otro doctor mas joven, se presentó, aunque no recuerdo su nombre y se puso a decirle los sintomas que él notaba al Dr.Amillo, el cual solo asentía con los brazos cruzados. Era como si el doctor joven fuera el padawan y el mayor el maestro. Después de un rato de estar tocandome el hombro y decir que estaba de foto, nos explicó que tenía una rotura de ligamentos y que dadas las características de la lesión, no había otra forma de arreglarlo que no fuera en un quirofano.
Me mandó con el anestesista, para que evaluara que tipo de sedantes necesitaba y todas esas cosas. Esa parte de la historia no tiene mucha importancia, porque era un personaje muy gris y al final él no me acompañó en la operación (fué otro que ya les contaré mas adelante).
La operación había quedado programada para las cuatro de la tarde lo cual significaba que no podría comer y los que me conocen saben que eso me pone de muy mal humor, puesto que a pesar de mi esquelética figura no puedo evitar parar de tragar a todas horas, la verdad esque no sé donde almaceno todo eso o por donde se vá, es un misterio.
Llegó la hora de operarme y la verdad esque no me dió tiempo a estar nervioso yo solo tanía en la mente que todo eso fuera pronto para poder comer algo, el dolor ya había pasado a segundo termino. Llegué a la que sería mi habitación y mi compañero era un anciano malhumorado que tenía una pinta desastrosa. A penas lo pude ver, porque una cortina impedía la visión absoluta de un panorama que no pintaba nada bien, pero con escucharlo me fué suficiente, no paraba de maldecir, toser, escupir flemas, estaba rodeado de bolsas con toda clase de fluidos de todos colores y su antidilubiano trasero que estaba tomando el sol, no paraba de tirarse pedos. Una señorita me pidió que me duchara y me pusiera una bata y cuando salí del baño estaba un camillero esperandome, listo para llevarme al quirofano.
Mi madre me dió la "bendi" igual que mi tia Mari que estuvo muy pendiente de todo desde el principio y fué la encargada de sacarme de la misma habitación que ese individuo que desprendía toda clase de fetidos olores e incomodos gemidos. Llegué al quirofano y unas enfermeras muy amables se pusieron a charlar conmigo y me dijeron que para tener 42 años, estaba un muy buen estado, lo cual me hizo mucha gracia, pero esque la chica que me hizo la ficha ingreso en el hospital, se equivocó y puso mal mi fecha de nacimiento, con lo cual, las enfermeras que estarían conmigo en la operación esperaban que llegara un cuarentón calvo y con panza chelera. Ya en el quirofano, se apareció una trupé de pitufos, de los cuales solo uno se me acercó y me dijo que él sería el anestesista. Me hizo una serie de preguntas rutinarias, si había comido algo o bebido en las últmas horas y le dije que no, pero segundos después, rectifiqué y le dije que si, que había dado un buche de agua hacía unas horas, pero era porque me moría de sed y fingió estar enfadado y me dijo que el agua en las operaciónes era peor que el veneno, me empecé a reir un poco y
Desperté en un cuarto y el mismo anestesista me informó que ya me habían operado y que todo había salido bien y me preguntó que como me sentía, a lo que recuerdo haber contestado "Tengo un chingo de frio" y me cubrieron con una manta electrica que generaba un calor delicioso, despues me dijo: -Te voy a inyectar un poco de morfina para que no te...-
Estaba en una habitación y mi madre me decía un monton de cosas que no lograba entretejer, me dió mi teléfono para que le hablara a Pilar y no me acordé del numero. Al cabo de un rato conseguí recordarlo, le llamé y no se que le habré dicho que se hecho a llorar. Tambien recuerdo muy bagamente el haber hablado con mi abuela Pillé y la visita de Guillermo. No me acuerdo de casi nada de lo que pasó durante mi estancia en el hospital, aunque todos aseguran que estaba de muy buen humor y jurarían que no me habían operado, pero no recuerdo nada muy claro.
Sigan pendientes porque viene el tercero.
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5 comments:
alvaro tengo un part de comentarios una sola a ti se te ocurre semejante estupidez men patada ninja no mames jajajaja te conozco y se que es verdad jajajaj ahora he vivido mas timpo en tu casa que en la mia propia y se por donde salen todas las toneladas que tragas al dia y si no se la ubicacion el olor que recuerda los momentos mas amargos de una vida llena de sufrimientos te guia ala zona cero jajajaj entrando en tema del hombro me parece un incidente tipo "sergio" llevado con bastante buen humor , lo de los rayos x creo yo que te lo sigues creyendo men jajaja y sobre si no comes estas e malas si es cierto pero casi todos los años que te he concido primero comes que respirar espero que te mejores y espero ese volumen III que parece ser interesante
Kaixo cuentista!
¿No te parece que en la clínica universitaria se podría escribir un threeler?
Me intriga ese anestesista del que hablas, ¿te dormía a traición? Es muy siniestro.
Espero que tengas que regresar a ese antro muchas veces.
Sabes, a mi los hospitales me deprimen y creo que es por el edor que se mete nada más cruzas la puerta. Hoy me di cuenta charlando contigo de que al menos no vivo en un desierto hiperpoblado.A ver para cuando la tercera entrga joven padaguan. GRACIAS HERMANO!
En el otro comentario se me olvido poner un "no" en la frase "Espero que (no)tengas que regresar a ese antro.
Sólo era eso,por aclararlo jeje
CUÍDATE!
Alvarín!
Pues me dio mucha pena saber lo de tu hombro.... Aunque todavía no entiendo en qué posición caíste como para darte tan duro.... habrá sido el frío....no lo sabemos.
Sólo piensa positivo de aquí en adelante y te vas a mejorar muy rápido!
Te mando un abrazo!
alvaro tengo que pedri perdon por esas revelaciones un tanto confidenciales, pero creo que la gente que te conocemos bien sabemos que no mientes en ese entretenido texto ajjajaja las patadas samirai no iban unidas con peleas samurai verdad (esos espero) te cuidas mucho un abrazoo y un beso
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