Estaba en ese punto de conciencia donde no se sabe bien si se esta dormido o despierto, pero una profunda impaciencia me dominaba de pies a cabeza, no sabía que era ese malestar, no sabía que hacía en ese lugar ni porque tenía tantísima hambre y sed. Entre toda esa confusión, una joven enfermera se acercó a mi cama y me preguntó si me sentía bien para desayunar algo ligero. Había dicho las palabras mágicas, en ese instante, se organizaron las ideas y empecé así a recordar que me habían operado y luego de como me había caido. Antes de que la chica preguntara de nuevo, mi consciencia era lo suficientemente buena como para darle una respuesta positiva y sin parecer un muerto de hambre a pesar de que así lo fuera.
Después de un rato regresó con un Cola Cao (para los mexicanos: es como Choco Milk) y unas galletas, evidentemente era un desayuno ligero. No es que esperara una filete de arrachera con huevos rancheros, harta salsa roja bien picante y frijoles refritos con totopos, (para los españoles: esto es un desayuno mexicano en condiciones) que ahora podría incarle el diente sin el menor reparo, pero por lo menos un huevo revuelto con jamón si merecía...
A lo largo del día, me hicieron varias visitas, que dada mi condicón de recién operado con restos de anestesia y morfina en mi torrente sanguineo, no recuerdo ni la duración ni el contenido ni el orden en que estas se dieron. Teresa y Nerea fueron juntas mientras Pablo me hacía una de sus varias visitas, mis padres entraron y salieron varias veces a lo largo del día. También me visitaron Elena y Marta, que de lo que pasó durante su visita solo recuerdo que tenía muchas ganas de ir al baño.
En mi estancia en el hospital, lo que recuerdo con mas claridad son dos acontecimientos; cuando me quitaron las gasas y me encontré cara a cara con unos hierros que tenía enterrados en el hombro, que estaban doblados a modo de perchero y parecía que estaban listos para usarse como tal y la segunda fué conocer a Ismael, que fué mi compañero de habitación después de aquel curioso personaje que no tenía pudor al enseñar su trasero y dejar que salieran toda clase de malolientes gases. A Ismael le aprendí algo muy importante aunque probablemente no fuera su intención, las ganas de vivir de este hombre son alucinantes y a pesar del cancer que invade cada día mas su ya debil cuerpo, la sonrisa y el buen humor no se lo quita nada ni nadie. Dice mi padre que charlé mucho con él, a mi me da mucha pena no recordar los temas en particular, pero me quedó muy claro ese mensaje que predica con el ejemplo.
Ya seguiré.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
2 comments:
hola wapisimo
q historia mas turbiaa la tuya no??
espero que tu hombro este muxisimo mejor y que pronto te podamos ver x aki xq al =q yo montejo tb tiene muxas ganas d vert y espero q tu yames no seas como amaya jejejeej, es broma, xo enserio keremos q vengas ya!!
esta mui bien tu pagina e?? eres un buen escritor.
espero q todo t vaya genial x esas tierras y q todo este bien x ahi.
un besazo enorme.
alvatroz eres groovy.. me diiverten tus cosass.... i love you
Post a Comment